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La Casa de Los Niños

“La Casa de los Niños” surge frente a una gran preocupación por el sufrimiento del niño. Por cómo siendo aún muy pequeño puede presentar manifestaciones de mucha agresividad, aburrimiento, hiperactividad, falta de concentración y otras dificultades mentales y orgánicas que denotan graves trastornos, tan frecuentes en los adultos en el mundo actual.

Este proyecto de la Fundación “Amigos de la Vida”, ubicado en una finca agrícola en Cotacachi, a 100 km al norte de Quito, Ecuador, consiste en un ambiente de acogimiento temporal a familias y a niños y niñas de 0 a 4 años en situación de extrema vulnerabilidad mientras dura la crisis familiar. Los familiares de los niños, por lo tanto, también son actores fundamentales en este trabajo.

Este trabajo es un incesante esfuerzo por convertir los estudios e investigaciones en la neurobiología y en otros campos del conocimiento en herramientas que nos permitan comprender las leyes que rigen el desarrollo de los seres humanos y crear entornos que faciliten su realización plena.

Tanto el acogimiento de las familias y de los niños como el seguimiento de sus casos están pensado en el largo plazo . Sin embargo, es en el campo de la vida práctica, en el tipo de ambiente y atención que ofrecemos a los niños y a sus familias, en donde nos distanciamos de la práctica convencional lo suficiente como para organizar una propuesta, la del trato al niño como una legítima “otra persona”. Ofrecemos la demostración cotidiana de que es totalmente posible favorecer experiencias de cariño y comprensión a la niñez en la delicada época de la temprana infancia.

Este trabajo es un incesante esfuerzo por convertir los estudios e investigaciones en la neurobiología y en otros campos del conocimiento en herramientas que nos permitan comprender las leyes que rigen el desarrollo de los seres humanos y crear entornos que faciliten su realización plena.

En “la Casa de los Niños” organizamos un entorno que permite la satisfacción de las necesidades auténticas de los niños. Es un ambiente relajado donde cada persona puede manifestarse como es y abrirse a procesos autoterapeúticos, expresar sus malestares, descubrirse y encontrar intereses propios. Observamos en este ambiente recuperaciones “milagrosas” que son posibles sin recurrir a drogas ni a calmantes, sino gracias a los cuidados atentos de los adultos que se expresan en la delicadeza de sus gestos, en un accesible y oportuno lenguaje que toma en cuenta el estado de la lógica del niño, en la afectividad que le brinda sin condicionamientos, presiones o expectativas.

Todo esto contribuye en la recuperación de su sentimiento de aceptación, de sentirse querido, de poder confiar en sí mismo y en otros. La personalidad del niño también se proyecta desde sus primeras experiencias de autonomía, que se desarrollan en torno a su alimentación y motricidad. En “la Casa de los Niños” bajo ningún concepto damos de comer a los niños a la fuerza. Respetamos sus señales de saciedad, plenitud o intolerancia. Ofrecemos espacios interiores y exteriores para el desarrollo de sus destrezas, donde se pone especial atención a la presencia y a la no interferencia del adulto. Los niños con un proceso de desarrollo parecido comparten espacios comunes.

La sensibilidad, la inteligencia y la capacidad del niño se evidencian en todo momento, tanto al tomar decisiones para colaborar con sus cuidados como al elegir la comida que quiere servirse, los rincones y materiales que desea usar y el tiempo que se da para ello. El rol de los adultos requiere una preparación constante para comprenderlos y se orienta a facilitarles nutrientes de calidad, ropa cómoda para sus movimientos y materiales adecuados a sus necesidades. Enriquecemos el ambiente físico que utilizan los niños, observando detalles en sus manifestaciones motrices, emocionales, personales y sociales, con el fin de corresponder a sus legítimos intereses en esta etapa tan importante de su vida, favoreciendo el desarrollo de sus múltiples destrezas.Y todo esto lo pueden observar las familias que vienen a pasar las mañanas con sus niños.

Ese proceso vital, único, de cada niño, tiene importantes expresiones: internamente, en una adecuada maduración de sus estructuras neurológicas, que según conocemos puede darse sólo en esta época de su vida y sobre la que se proyecta la fortaleza de su ser. Externamente, se expresa en grandes logros en su capacidad de enfrentar obstáculos, de tomar decisiones, de colaborar con los demás, de respetar reglas de casa y descubrir la bondad de los límites; los cuales le permiten ver más allá de su propia perspectiva y hacen posible una convivencia adecuada y generosa. Hablamos de procesos de recuperación de niños con una amplia gama de daños neurológicos, ocasionados por entornos no adecuados para su vida: maltrato físico o emocional, sobreestimulación, abandono, carencia de espacios para su expresión.

Para cuidar la salud de los niños nos valemos del uso de remedios que se preparan en casa, recogiendo la rica tradición de nuestros pueblos y de nuestras abuelas. Esto nos permite un acercamiento cálido, humano y personal al dolor del niño.

No obstante, no descartamos la utilización de medicinas o atenciones clínicas frente a situaciones especiales. Constatamos que los problemas de salud del niño desaparecen en este ambiente de manera muy rápida.

“la Casa de los Niños” no es una obra de caridad ni una metodología. Es ante todo una manera de vivir. Sin referentes de apego, de cariño y buen trato, ¿cómo se puede inculcar valores a nuestros niños? Incorporamos el sentido social sólo cuando lo vivimos desde una base de respeto a nuestra vida, no cuando nos obligan o nos condicionan con “valores”, forzándonos a una doble moralidad.

Luis comparte ahora algo suyo, luego de varias experiencias en las que le hemos confirmado que hay algo que le pertenece y que puede ser tomado sólo con su consentimiento. No le presionamos, no le decimos que los niños buenos y lindos comparten las cosas.

Lola acepta cada vez con más tranquilidad que se atienda a otro niño, luego de que a ella la hemos atendido y la seguimos atendiendo con mucha entrega cuando lo necesita.

A José no se le exige que coma y disfruta mucho de todo lo que se le ofrece.

Sara puede comer experimentando a su manera el uso de cubiertos, solicitando lo que le gusta y la cantidad que desea… Pedro practica equilibrio… Paola ayuda a hacer su cama… Iván no quiere estar más tiempo en el jardín…

El adulto se hace pequeño para entrar en una relación de respeto con el niño y mirarse a los ojos mutuamente. En paseos u otras actividades de acompañamiento no fuerza la mano ni la marcha del niño. Entra en onda con su ritmo. Así, el niño puede aceptar con tranquilidad invitaciones y disfrutar de otros ambientes. Puede descansar sin condicionamientos, tomar un baño sin apresurarse y en un horario que le guste.

Las referencias de rutina en la vida del niño son esenciales en la construcción de su seguridad emocional y en el desarrollo de sus estructuras temporales. Cada niño está al tanto de lo que pasa con su persona y con lo que le rodea, y de lo que va a venir. Nada pasa en “la Casa de los Niños” sin que los niños lo sepan por adelantado, con el fin de que tengan la tranquilidad y el tiempo necesario para acomodarse emocionalmente frente a nuevas circunstancias. Así, al tomarlos en cuenta, estamos permitiendo también que niños y niñas incorporen el sentimiento de ser aceptados y queridos.

Es posible jugar al aire libre en complicidad con la naturaleza. Dentro de casa, además de los espacios que permiten diferentes experiencias de los niños, el adulto ofrece varias actividades en las que el niño es libre de participar, como baile, música, proyectos manuales, mirar y escuchar cuentos.

De muchos detalles se nutre la vida del niño. Nos observa, nos percibe, nos imita. Todo importa : cómo le hablamos, cómo le tocamos, cómo cerramos los cajones de los muebles, cómo colocamos la alfombra, cómo le saludamos y nos despedimos de él.

Los niños expresan un verdadero placer en ayudar: barren, lavan la vajilla, ordenan los materiales en sus espacios respectivos, ponen la mesa, limpian la mesa, ponen los alimentos en sus lugares, guardan sus ropitas en sus armarios. Constatamos con asombro y alegría esta “época sensible del orden” de la que nos habla la Dra. Montessori. La cocina está abierta a los niños que ya caminan y comen solos. ¡Cómo disfrutan en cortar la lechuga, la espinaca, la acelga! El adulto que prepara las comidas se hace pequeño y en una mesa accesible para los niños realiza sus actividades. Cuenta siempre con la presencia de los pequeños curiosos, que tienen la oportunidad de probar los alimentos en sus diferentes estados. ¡Cuánto derroche de emociones al preparar y comer los pasteles, y no sólo en los cumpleaños! En ir a recoger los huevos del gallinero, en dar de comer a las gallinas y verlas con sus pollitos. En visitar al chancho, a los cuyes, a los conejos. En ir a tomar helados, en descubrir la vecindad y sus oficios en los días de paseo, con mucha fascinación haga frío o calor. ¡Cuántas cosas por descubrir, cuánto por vivir!

En torno a “la Casa de los Niños” se desarrollan otros trabajos importantes: el seguimiento del niño y su familia , la difusión de estos trabajos por medio de talleres y seminarios, y el apoyo a otras iniciativas en diferentes sectores del país y del mundo.

No sólo ofrecemos el ambiente que hemos descrito sino que las familias siempre pueden estar con sus niños en “la Casa de los Niños” y visitar los diferentes ambientes que ofrecemos. No nos relacionamos con ellas en base a valoraciones de ninguna índole. Todas son respetadas y aceptadas, tanto como sus hijos. Una vez que el niño deja de venir, la Fundación continúa un acompañamiento a largo plazo a las familias con visitas periódicas. En casos de dificultad económica, la familia es apoyada por la Fundación con pequeños préstamos, buscando becas o mediante aportes económicos hasta que mejore su situación.

Nos interesa continuar haciendo los seguimientos necesarios, demostrar que las familias con los antecedentes señalados son capaces de llevar una vida digna y de insertarse honrosamente en la sociedad. Nos interesa también sentar precedentes e incidir en políticas públicas, conseguir que los Organismos del Estado se ocupen de esta problemática, de seguimientos de la vida de los niños en situaciones especiales y sus familias, asegurando su bienestar.

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