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Fundamentos Teóricos

En nuestras actividades diarias con niños y con otros seres humanos, nos guiamos en un conjunto de prácticas coherentes con diferentes investigaciones y estudios. Éstos nos muestran la importancia de respetar las leyes que la naturaleza ha establecido y que hacen posible nuestra existencia como especie y como seres únicos. El acto de vivir se define en la interacción del organismo con el entorno. Venimos al mundo con un programa interno definido y organizado, con una variada gama de instrumentos y mecanismos que hacen posible nuestra vida. Las investigaciones sobre este “plan interno” inscrito en nuestra estructura genética son cada vez más amplias. Ahora conocemos que, como otros organismos de sencilla o mediana complejidad, los humanos poseemos la capacidad de distinguir, valorar y escoger, para tomar del entorno lo que realmente necesitamos para crecer.

Es decir, las leyes de la naturaleza han establecido a través de miles de años, esta sabiduría de cada organismo vivo, para hacerse a sí mismo en relación con el medio. Ya desde la fecundación, el organismo humano inicia su autoconstrucción. Las funciones de cada célula de nuestro cuerpo, de cada órgano, de cada tejido, también contienen esta manifestación vital de crecer y desarrollarse de acuerdo a su propia estructura y en interacción con su entorno. La Neurobiología, la Psicología Genética y otras ciencias, contribuyen en el conocimiento de esta lógica de la vida en el ser humano y nos ayudan a organizar ambientes preparados para niños y niñas en su temprana infancia, facilitando procesos de recuperación del niño y de reinserción familiar y social.

Cada etapa del desarrollo humano está determinada por cualidades propias, por requisitos que demanda su “plan interno” para lograr una maduración sana y adecuada. Esto permite dar paso a otras estructuras necesarias para una conciencia autoreflexiva, lo que se aprecia claramente en la estructura de nuestro cerebro trino, llamado así por estar constituido por tres zonas o capas: Complejo Reticular, Sistema Límbico y Corteza Cerebral. Todas ellas tienen su rol específico y su momento de maduración y necesitan estar en constante interacción para favorecer el desarrollo de la inteligencia y la salud.

En el entorno del vientre de la madre, al nuevo ser le toma cerca de 40 semanas poner a punto los requerimientos orgánicos y funcionales que le permiten elaborar la fuente de energía necesaria para todas las tranformaciones que le esperan. Si todo va bien, tomará la decisión de iniciar el momento del parto. Aquí culmina la maduración del Complejo Reticular, con la puesta en marcha de su Sistema Metabólico. En este entorno, todo cobra materialidad: las condiciones genéticas de los padres, el deseo o no de la presencia del nuevo ser, las emociones de la madre, su autoestima, el consumo de cigarrillo, alcohol o drogas. Todo afectará a la fluidez en el paso de nutrientes. Las primeras huellas de identidad del ser se reflejan en las estructuras que comienza a elaborar. Tarde o temprano, aflorarán en su vida la calidad de materiales que encontró a su alrededor y lo que hizo con ellos. Muchas de las enfermedades psicosomáticas o cardíacas, las relacionadas con la memoria, las de Parkinson, Alzheimer, las alergias, parecen tener sus raíces en esta época.

Al momento de nacer, el organismo tiene operatividad de las otras zonas cerebrales: Sistema Límbico y Corteza Cerebral. El Sistema límbico se encarga ahora de procesar todas las actividades sensoriomotrices y afectivas. En esta época el ser está preparado para descubrir el entorno con su boca, con sus manos, con todo su cuerpo. No hay que olvidar la capacidad del organismo para hacerse a sí mismo siguiendo su programa interno en interacción con el medio, del que toma lo que necesita para mantenerse sano. La maduración del Sistema Límbico es una consecuencia de las acciones sensoriales y motrices del niño, del sentimiento de sentirse aceptado y querido, y se completa hacia los siete u ocho años. Cualquier interferencia o estimulación, cualquier acto que priorice la injerencia en el aprendizaje propio del niño, provocará grandes dificultades. Entre ellas: anulará los mecanismos de estimulación propia y obligará al organismo a funcionar por debajo de los niveles requeridos para lograr un equilibrio químico y orgánico, lo llevará a actuar con mecanismos de defensa, le ocasionará gran producción de endorfinas para bloquear el sufrimiento provocado por la directividad y el afecto condicionante del adulto, exponiéndole al consumo de drogas que vienen de fuera del organismo. Le provocará hiper o hipoactividad, aburrimiento, falta de concentración, falta de iniciativas, de intereses propios, fragilidad en su salud…

Más tarde, cualquier intento “estimulador” sobre la conducta del niño profundizará las dificultades, porque desgraciadamente se trata de técnicas para forzar al niño, y no de reflexiones o cambios de actitud del adulto para favorecer una relación afectiva, clara, comprensiva, cálida y profunda con él. El paso a la maduración de la corteza cerebral, hacia los 18 o 20 años, carecerá de bases sólidas para la comprensión de realidades más amplias y sus interconexiones. Aparecerán fragilidades en la época de la pubertad y de la adolescencia, donde (como en cada época de transición durante el crecimiento humano) el organismo necesita liberarse de malestares para dar lugar a nuevas posibilidades de estructuración y reestructuración.

No lograr dar estos pasos importantes, lastimosamente, crea dificultades para el organismo: tiene que producir energía para bloquear el dolor, en lugar de encontrar motivaciones para facilitar la vida. Las actitudes defensivas que se desarrollan pueden prolongarse para toda la vida si no cambian las características del entorno. Un niño que no es respetado en su propio ritmo, en sus gustos, en sus sentimientos, en sus capacidades motrices, un niño que es manipulado para cambiar de posturas, para sentarse, para pararse, para hablar, para comer, poco a poco se convertirá en una gran preocupación familiar y social. Un niño en circunstancias de exigencias y manipulaciones puede desarrollar mecanismos de defensa que pueden llegar a ser valorados socialmente: por ejemplo, ser un estudiante brillante. Las carencias en el desarrollo aparecerán en algún momento, vemos a seres humanos muy brillantes intelectualmente pero desconectados de las realidades concretas y cotidianas. No puede haber procesos adecuados sin experiencias de reglas y límites. La misma naturaleza se desarrolla con límites bien definidos, que necesariamente deben cumplirse para asegurar la vida.

Así mismo, en la vida de un ser humano, reglas y límites contribuyen con referentes para una convivencia armoniosa, permitiendo mirar más allá de la perspectiva propia y descubrir las bondades de tomar en cuenta a otros. No así los castigos, que son impuestos de manera arbitraria a las situaciones que se presentan y que reafirman el egocentrismo, la rebeldía y la violencia.

Esto que le ocurre a un individuo se ve reflejado luego en la sociedad. Quienes trabajamos con seres humanos no sólo debemos sentirnos atraídos a este campo, sino tener conocimiento de su estructura, comprensión de los diferentes momentos de su desarrollo, de sus necesidades auténticas y de cómo contribuir en su satisfacción. Esto sólo es posible si existe desde el principio la apertura y la voluntad para un profundo cambio de actitud en el adulto.

A las personas interesadas en profundizar en estos temas, les recomendamos consultar a los siguientes autores:

Allais, Claude, “L’analyse Primale, 10 ans après Janov”, Edition RETZ, Paris, 1980

Appell, Geneviève; Tardos, Anna, “Prendre soin d’un jeune enfant”, Éditions Érès, 2001

Bertherat, Thérèse, “El Cuerpo tiene sus razones”, Editorial Paidós, 1987

Brazelton, T. Berry; Cramer, Bertrand G, “La relación más temprana”, Editorial Paidós, 1993

Canault, Nina, “Comment le désir de naître vient au foetus”, Desclée de Brouwer, 2001

David, Myriam; Appell, Geneviève, “La educación del niño de 0 a 3 años”

Janov, Arthur, “La Biologie de l’amour”, Editions du Rocher, 2001

Janov, Arthur, “Le corps se souvient”, Éditions du Rocher, 1997

Leboyer, Frederick, “Por un nacimiento sin violencia”, Daimon de México, S.A., 1978

Mander, Jerry, “En ausencia de lo Sagrado”, Editorial Cuatro Vientos, 1994

Marín Olmos, Juan Manuel, “Vacunaciones sistemáticas en cuestión”, Icaria Editorial, 2004

Maturana Humberto, todas sus obras

Piaget, Jean, todas sus obras

Pikler, Emmi, “Moverse en libertad, desarrollo de la motricidad global”, Ediciones Nancea, 1985

Varela G. Francisco, todas sus obras

Veldman, Frans, “Science de l’affectivité”, PUF, 1989

Wallon, Henri, “Les origines de la pensée chez l’enfant”, Presses Universitaires de France, 1963

Winnicot, Donald, “Los bebés y sus madres”, Editorial Paidós, 1998

Winnicot, D.W, “Deprivación y delincuencia”, Editorial Paidós, 1ª ed. 4ª reimp., 2005

Experiencia del Instituto Lóczy, Nancea Ediciones, 1986

Fundación Educativa Pestalozzi (Ecuador), todos sus boletines

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